De la autoexigencia al café sanitario: una charla sobre identidad Gen Z, el miedo a fallar y por qué ser enfermera es mucho más que un contrato en el hospital.
Gisela Rubio (@enfermera.facturona) representa la voz de una nueva generación de enfermeras que pisa fuerte y no tiene miedo a cuestionar lo establecido. Hija de padres inmigrantes y forjada en la cultura del esfuerzo, Gisela pasó de sentir que "fracasaba" por no entrar en Medicina a enamorarse perdidamente de los cuidados en su primer día de carrera. Hoy, a través de su comunidad en redes y sus eventos de "Facturando un Café Sanitario", lidera una conversación necesaria sobre el autocuidado profesional, la marca personal y la libertad de elegir un camino propio fuera de las plantas de hospital.
IDENTIDAD Y PUNTO DE PARTIDA
ENFERMERA EN APUROS: Para quien no te conozca, ¿quién es Gisela Rubio? GISELA RUBIO: Soy una chica hija de padres inmigrantes que emigraron a España hace más de 20 años. He crecido con una narrativa muy marcada de trabajo constante, de dar siempre lo mejor de mí misma y de intentar huir de la realidad a la que ellos tuvieron que enfrentarse durante muchísimos años. Hoy sé muy bien lo que no quiero. Lo que quiero, todavía lo estoy descubriendo. ¡Pero lo que no quiero, sí lo tengo muy claro!
EEA: Te graduaste hace relativamente poco. ¿Cómo fue tu camino hasta la enfermería?
G.R: Bueno, la enfermería no era mi primera opción al principio. Yo quería estudiar Medicina porque era lo único que conocía del mundo sanitario. Cuando hice la EBAU, justo fue el año del Covid y las notas subieron muchísimo. No pude entrar en Medicina y me decepcioné muchísimo conmigo misma. Siempre había pensado que estudiar bien era la manera de no vivir la realidad tan dura que habían vivido mis padres. Así que, cuando no entré en Medicina, sentí que había fracasado. Empecé Bioquímica, lo dejé, me tomé un año sabático y empecé a replantearme qué otras profesiones podían encajar conmigo. Al año siguiente decidí entrar en Enfermería y ahora siento que fue una de las mejores decisiones de mi vida. El primer día de carrera, en la asignatura de Cuidados Básicos, me enamoré de la profesión.
EEA: Tenías una idea muy equivocada sobre la profesión antes de entrar.
G.R: Totalmente. Yo decía que no quería ser enfermera porque pensaba que las enfermeras eran “las segundonas”, “las mandadas”, que no tenían criterio propio. Eso era lo que yo había aprendido por estereotipo. Y de repente entro en la carrera, descubro una profesión que cuenta con su propia metodología científica y cuya esencia es el cuidado, la empatía, la humanidad... y me cambia completamente la mirada. Ahí sentí la necesidad de empezar a contarlo.
EL NACIMIENTO DE “ENFERMERA FACTURONA”
EEA: ¿Cuándo decides empezar a comunicar todo esto en redes?
G.R: En primero de carrera. Empecé compartiendo de forma muy genuina mi día a día en la universidad, lo que iba descubriendo de la profesión. Ya en cuarto de carrera empecé a profesionalizar más la cuenta y a construir una marca personal más clara. Ahí nace “Enfermera facturona”.
EEA: ¿Y cómo nace ese nombre?
G.R: Nace de una broma. Cuando estaba en segundo me dijeron que en mi primer contrato iba a cobrar muy bien por el IRPF al 2% y dije: “ah, pues voy a ser enfermera facturona”. Empezó todo con humor, pero al final se convirtió en algo que iba muchísimo más allá del dinero. Se convirtió en una comunidad de sanitarias con valores muy claros: que aman lo que hacen, que no tienen miedo a decir que no cuando no están cómodas en un sitio, que no compiten entre ellas y que se apoyan. Soy una chica Gen Z, tengo 23 años, me gusta la cultura pop y sentía que también se podía comunicar la enfermería desde otro lugar: desde la cercanía, la diversión y el tú a tú.
"Reconocer que no quieres estar en un sitio también es reconocer todas las posibilidades que tu profesión tiene para ti."

CUANDO EL HOSPITAL NO ES TU SITIO
EEA: ¿En qué momento empezaste a sentir que el hospital quizá no era tu sitio?
G.R: Creo que durante las prácticas. Sentía que no conectaba con los ritmos de las plantas, ni con las condiciones que se ofrecen dentro del hospital, que muchas veces son precarias. Cuando empecé a descubrir que la enfermería podía estar también en la docencia, en la investigación, en la gestión o en otros formatos de cuidado, pensé: “quiero explorar”. También influyó mucho escuchar a compañeras veteranas decirme: “entiendo que ahora te guste mucho, pero es un servicio que quema muchísimo”. Y yo lo entendí.
EEA: Publicaste una frase muy potente: “Siento que el hospital no es mi sitio y no pasa nada”. ¿Por qué lo dijiste en voz alta?
G.R: Porque hay muchísimas compañeras ahí fuera que lo sienten y tienen muchísimo miedo de decirlo. Creo que hemos crecido con la narrativa de que nuestro sitio está en el hospital. Quizá porque nuestra formación universitaria sigue estando muy orientada a este ámbito asistencial. Los estudiantes de enfermería merecen saber que nuestras posibilidades son infinitas para que no sientan miedo de salir de ese camino más convencional.
EEA: ¿Crees que todavía existe la idea de que si no trabajas en hospital no eres enfermera de verdad?
G.R: Sí, por supuesto. Pero también creo firmemente que eso va a cambiar. Durante mucho tiempo solo se nos ha visto dentro del hospital. Pero ahora también necesitamos visibilizar el resto de nuestras posibilidades. Yo creo muchísimo en la repetición: cuando repites un mensaje una y otra vez, es cuando realmente cala. Y ahí la divulgación en redes sociales tiene un papel enorme.
CUIDAR TAMBIÉN ES NO PERDERTE A TI MISMA
EEA: Dices que “el cuidado de los demás empieza por el cuidado hacia nosotras mismas”. ¿Qué significa eso para ti?
G.R: El cuidado profesional empieza por deshacernos de la culpa de no sentirnos cómodas en un puesto de trabajo y entender que este no debería hacernos sufrir. La vocación no debería costarnos la salud mental. Sanitaria feliz es igual a paciente feliz. Por otro lado, con autocuidado me refiero a no basar toda nuestra identidad en nuestra profesión. Estoy en proceso de entender que primero soy Gisela y que la enfermería solo es una pieza más de mi engranaje.
EEA: ¿Cómo nació “Descubriendo a una enfermera facturona”?
G.R: Nació de una necesidad personal: demostrarme a mí misma que la enfermería tiene muchas posibilidades. Primero necesitaba creérmelo para después comunicarlo. Y cuando vi que de verdad existían todas esas posibilidades, sentí que había que visibilizarlas al máximo.
EEA: Ahora con “Facturando un café sanitario” estás creando espacios para otras profesionales. ¿Qué ves en esas conversaciones?
G.R: Hay una nueva generación de sanitarias que ya no quiere sobrevivir en su profesión. Quiere disfrutarla, cuestionarla y también reinventarla sin culpa. En las conversaciones salen muchas cosas: frustración, dudas o miedo a no encajar. Pero también muchísima ambición, creatividad y ganas de hacer las cosas de una forma diferente.
"Sanitaria feliz es igual a paciente feliz. La vocación no debería costarnos la salud mental."
EL MENSAJE FINAL
EEA: ¿Qué le dirías a esa compañera que tampoco se siente cómoda en el hospital?
G.R: Que no pasa nada. Entiendo perfectamente que cuando solo te ponen un tipo de árbol delante, sea imposible ver el bosque entero. Pero aquí estoy yo y muchas otras compañeras para demostrarle que la enfermería tiene más posibilidades y que todas son igual de válidas. Empieza por escucharte y dar permiso para explorar.
EEA: ¿Qué te gustaría que dejara esta conversación dentro de la profesión?
G.R: Me gustaría ayudar a romper de una vez la idea de que existe una sola forma de ser enfermera. Y que la enfermería no tiene por qué verse como algo extremadamente formal o distante. También puede comunicarse desde la cercanía y la diversión. Eso no le resta profesionalidad, solo la hace más accesible.

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